Una declaración de nuestra fundadora

Construimos donde estamos.

Aprender no es un círculo. Es una espiral.

Crecí dentro de la vida aymara. Las prácticas no son un traje que me pongo; son la forma en que crecí. Aun así, no creo que la identidad sea un inventario de prácticas. Las prácticas se interrumpen. La migración las interrumpe. La pobreza las interrumpe. La historia las interrumpe. Si pertenecer depende de una lista, cualquiera puede pararse en una puerta y decirte que ya no perteneces. La diáspora conoce esa puerta. La persona migrante conoce esa puerta. Yo rechazo la puerta.

Mi suelo es más antiguo y más cercano que cualquier inventario: el cuerpo. El cuerpo es sabio. Lleva lo que somos y nos lo recuerda. Mi propia vida me lo sigue enseñando. No llego a ningún lugar como una abstracción. Quien soy hace que esté allí. Mi presencia lleva su historia, su idioma y su política, aunque nadie los nombre. Nadie puede extraer eso de mí, y nadie puede certificarlo por mí.

Por eso no describo nuestro trabajo como decolonial. Reconozco la estructura colonial y la estudio profundamente, porque aquello que no comprendes mantiene poder sobre ti. Pero me niego a organizar nuestro ser, nuestros objetivos o nuestro valor alrededor de lo que hizo el opresor. Esa negativa no es negación. Es el fin de la dialéctica. No somos la antítesis de nadie.

No necesitamos reconocimiento para existir. Nos relacionamos con el reconocimiento para construir, porque el financiamiento, las políticas y el futuro se negocian en salas de poder, y pensamos movernos con inteligencia en ellas. Pero el trabajo ocurre en nuestro propio suelo. Construimos donde estamos y hacemos que el centro viaje hacia nosotros.

No supervivencia. No solamente autodeterminación. Autorrealización: la práctica de un pueblo que se sabe creador. Eso es sanar. Para eso sirve la educación. Y eso es Zera.

Sharoll Fernandez SiñaniFundadora
Una estudiante de Zera escribiendo durante la claseEstudiantes creando materiales de aprendizaje en grupo